viernes, 20 de septiembre de 2013

VERACRUZ: Maestros y estudiantes exigen cese de los autores de desalojo violento


JAIR GARCÍA

En un claro reto al gobierno estatal, los maestros volvieron a marchar. “De norte a sur, de este a oeste, ganaremos esta lucha cueste lo que cueste” era el grito de guerra que más de 15 mil docentes, universitarios, normalistas, jubilados, padres de familia y estudiantes lanzaron en plaza Lerdo, ya no sólo contra la reforma educativa, sino también contra sus líderes magisteriales y el desalojo violento de profesores hace unos días en ese mismo lugar.

Con celular en la mano, empleados de comercios, taxistas y personas que caminaban o se bajaron de sus autos grabaron el río de gente que avanzó por las avenidas Xalapa, Orizaba y Ávila Camacho, y ésa sólo era una parte del contingente magisterial que participó en la llamada megamarcha contra de la reforma educativa.

Fue sólo una parte porque otro contingente magisterial salió desde la Secretaría de Educación de Veracruz y uno más del Instituto de Pensiones del Estado, pero por si fuera poco, cerca de 3 mil estudiantes de la Universidad Veracruzana se congregaron en rectoría para sumarse a la protesta de los docentes caminando también hacia el centro de la ciudad.

No se había visto tanta gente en el centro de Xalapa, acaso hace una semana cuando también hubo otra megamarcha con maestros de distintas partes de la entidad veracruzana.

Con pancartas, mantas y gritos lanzaban consignas contra el presidente Enrique Peña Nieto, diputados federales y senadores veracruzanos, además del gobierno estatal. A pesar de su furia, de su rabia, de su malestar y coraje, no hubo un sólo acto violento, nadie causó un desmán y por el contrario durante su paso fueron recibiendo aplausos y muestras de solidaridad de los xalapeños.

Los maestros, acusados de provocar pérdidas económicas a los negocios del centro histórico de Xalapa, esos mismos maestros tan criticados compraron agua, refrescos, alimentos, ropa, medicinas y diversos artículos en los negocios del primer cuadro de la ciudad, esos que supuestamente se están viendo perjudicados con sus protestas.

Desde abajo era casi imposible caminar por el mar de gente que se había congregado en ese lugar, pero en medio de ese desorden, se permitía el paso a cualquier ciudadano de andar libremente. Desde arriba, resultó impresionante la cantidad de gente congregada, que ahora ya no sólo pedía al gobierno estatal pronunciarse en contra de la reforma educativa, sino que exigía además la destitución de los secretarios de Gobierno, Érick Lagos Hernández, y de Seguridad Pública, Arturo Bermúdez Zurita, por represores.

Las peticiones ahora se han ampliado, pues piden una disculpa pública por el desalojo violento ocurrido la madrugada el sábado pasado en contra de maestros y estudiantes, además del respeto a su movimiento, que como desde el inicio, no tiene ningún líder y mucho menos reconoce los acuerdos tomados por sus 18 dirigentes sindicales.

A las 12 del día, la plaza Lerdo fue insuficiente para dar cabida a la multitud congregada, así que el parque Juárez, las calles Leandro Valle, Enríquez, Lucio y Revolución se convirtieron en espacios para la protesta, pero todavía faltaba por llegar el último contingente, que partió desde el Arco Sur, con maestros que venían de varios municipios de la entidad.

Cuando por fin llegó, algunos ya se habían retirado, pero la mayoría se quedó ahí para entonar el Himno Nacional Mexicano, junto con los docentes que provenían de Misantla, la llamada Tierra Señorial, pero para muchos otros conocida como cuna del magisterio veracruzano, por ser la tierra natal de Juan Nicolas Callejas Arroyo, hasta hace unas semanas amo, dueño y señor de la sección 32 del SNTE, pues hoy sólo es propietario del membrete, ya que los espíritus, conciencias y decisiones de los maestros están ahora en la lucha contra la reforma educativa.

Las pláticas que surgen entre los profesores de distintos sindicatos y de diversas comunidades que han coincidido en esta lucha son variadas; muchos opinan que es tiempo de endurecer las protestas, unos más se pronuncian por buscar un diálogo, otros planten laborar tres días y protestar dos, mientras que la mayoría piensa que su lucha va por buen camino.

Todos coninciden en que no cederán, sin importar que nuevamente se haga uso de la fuerza pública en su contra, pues podrán golpear sus cuerpos, pero no sus espíritus, que siguen igual de fuertes, como desde el primer día de su movimiento.

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